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ACTUALIDADES

domingo, 2 de mayo de 2010

[CULTURA] La Corona y la República de las Letras

María José Rubio


Con la primavera, la Cultura se anima. Entre días y ferias del Libro, la familia real pone nombre y cara a diversos premios culturales. Los más recientes: el Cervantes, entregado con solemnidad por el Rey Juan Carlos y que este año ha contado con la anécdota de un ilustre premiado -José Emilio Pacheco- en calzoncillos, o el menos conocido, pero no menos importante, Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, concedido al poeta y académico Francisco Brines. Bendita Cultura, que merece los oropeles, y bien premiados los premiados, por esforzarse en sacarle brillo a la vida.

El fomento de la cultura cuenta entre las obligaciones más agradecidas de la Casa Real. A todos nos mueve el afán de grandeza y nos halaga el reconocimiento de los méritos. Si el que nos entrega el premio lleva corona y manto de armiño, mejor que mejor. ¿Quién se atreve a rechazar el ringorrango de los Nobel? Solo dos personas- el filósofo Jean-Paul Sartre y el químico Richard Kuhn- lo han hecho en su historia. Cuanto más protocolo y etiqueta en la entrega de condecoraciones, más se admira la categoría de los galardones y de los galardonados. Así funcionan también nuestros Premios Príncipe de Asturias, refinado escaparate internacional de España.

Pero no son éstas las únicas condecoraciones culturales que llevan representación regia. Con el nombre de nuestro monarca se entregan los premios Rey Juan Carlos de Derechos Humanos, de Economía, y el Internacional de Periodismo. A ellos se suman los premios Reina Sofía de Composición Musical o el de Conservación y Restauración del Patrimonio Cultural. La princesa de Asturias ha aceptado recientemente la presidencia de honor del Premio Cirilo Rodríguez de Periodismo para corresponsales en el extranjero.

Curioso y enriquecedor contrapunto: La Corona en complicidad con el conjunto de sabios y eruditos que conforman lo que desde la Edad Media se conoce como la República de las Letras, la imaginada institución donde no hay presidentes ni monarcas, ni votos ni líneas de sucesión, solo los méritos del intelecto.

fuente: Reyes, príncipes y ranas

lunes, 19 de abril de 2010

[REPÚBLICA] Cuando en Getxo se proclamó la República Vasca

Iñaki Anasagasti
senador de EAJ/PNV

La madrugada del martes 14 de abril de 1931, a las seis y media de la mañana, la corporación municipal, recién elegida en las elecciones del domingo anterior, proclamó en Eibar la segunda República. La bandera tricolor fue izada por el concejal más joven del recién elegido ayuntamiento, Mateo Careaga, que era militante de Acción Republicana. No fue hasta las cinco de aquella tarde cuando otras ciudades siguieron este ejemplo. Por esta magnífica iniciativa Eibar recibió el título de Muy Ejemplar Ciudad por la valentía y arrojo demostrados.

Hoy, con la actual composición del Ayuntamiento de Eibar, la gloriosa villa no tendría el honor de ser la primera población en haber proclamado la República. Y no tanto por los actuales concejales y alcalde socialista sino por la llamada que Iñaki Arriola les hubiera hecho diciendo que en este momento su partido, el partido de Indalecio Prieto, de los Toyos, Negrín, Largo Caballero, Fernando de los Ríos, es juancarlista, que es el eufemismo que usa el PSOE para no decir que en la práctica son tan monárquicos como puede ser la Duquesa de Alba. A los hechos me remito.

El abuelo del actual rey, Alfonso XIII, estaba esos días con el agua al cuello. Sus muchos errores le habían conducido a una situación límite y había nombrado presidente del gobierno a un viejo almirante, Juan Bautista Aznar, de bajo perfil, del que Maura había dicho: "Procede geográficamente de Cartagena y políticamente de la luna". Pero quien mandaba era el conde de Romanones y la primera iniciativa que tomaron fue la de convocar elecciones para el 12 de abril. Ningún monárquico previó para ellos una consecuencia tan negativa. Y es que el colmo de los colmos fue que ganaron con 22.150 concejales monárquicos frente a 5.775 republicanos. Sólo en ocho provincias el número de concejales republicanos fue superior al de monárquicos. Pero tras estas cifras había una realidad: la hecatombe del voto monárquico en las 41 capitales de provincia. Sólo en siete habían ganado los monárquicos. El hundimiento moral de la monarquía fue total. Aznar, siempre hay un Aznar en Madrid, cuando le preguntaron por la crisis, dijo aquello de: "¿Qué mayor crisis quiere usted que el de una España que se ha acostado monárquica y se ha levantado republicana?".

Hoy, con información y una campaña adecuada, podría darse la misma situación. La prueba está en que ni Zapatero ni Rajoy quieren convocar el referéndum para cambiar la actual Constitución en relación con la prevalencia del varón a la hora de la sucesión. Treinta millones de españolitos hoy no votaron la Constitución de 1978 y muchos jóvenes comienzan a despertar. Todo esto de la monarquía les parece un gran camelo.

José Antonio Aguirre era el candidato del PNV al Ayuntamiento de Getxo. Ese día, arrasó. Eran las seis de la tarde. Se encontraba en el despacho del director del diario Euzkadi en Bilbao, en la calle Correo, junto a Leizaola, Kareaga y Azkue. Una gran multitud se apiñaba en El Arenal e iniciaba la marcha hacia el ayuntamiento. El momento era trascendental y los dirigentes del PNV estaban preocupados. Con visión de la jugada sus compañeros le dijeron: "Vete a Getxo, convoca a tus concejales y al ayuntamiento porque no hay tiempo que perder. Hay que tener cuidado de que las Juntas revolucionarias no se sienten en vuestros asientos. Además, Getxo tiene que ser el punto de apoyo de todo un movimiento municipal".

Efectivamente. Dicho y hecho. José Antonio cogió el teléfono, convocó a sus capitulares y se fue a Getxo. Él nos lo contó así:

"Llegamos cuando el pueblo, tremolando la bandera vasca, se dirigía hacia el Ayuntamiento. La emoción popular era inmensa. En Getxo había triunfado espléndidamente el nacionalismo, consiguiendo dieciséis concejales de los 21 que componían la Corporación municipal. Media hora después de mi convocatoria, los concejales ocupaban sus escaños edilicios y el público invadió el salón de sesiones. En una breve sesión quedó proclamada la República vasca vinculada en federación con la República española, y se acordó invitar a otros ayuntamientos para que con idéntica proclamación lograran la unión de todos en un programa conjunto de libertad, pero siguiendo el espíritu vasco. Por eso se pidió la derogación de la ley de 1839 y el retorno de nuestros viejos organismos soberanos.

Pero antes de llegar a Getxo, allí en Bilbao, una preocupación quedó prendida en nuestro espíritu. La enorme manifestación que se dirigía hacia el Ayuntamiento de Bilbao nos hizo observar la espiritual trascendencia de aquel movimiento popular al que con tanto entusiasmo contribuía la juventud con su presencia. Precisaba encauzarse el sentimiento del pueblo en mayor sintonía con el pensamiento vasco. Para ello nada mejor que realizar un programa de acción inmediata.

Proclamada rápidamente la República en los ayuntamientos de Bizkaia, pedida la derogación de la ley de 1839, abolitoria de la libertad foral en casi todos ellos; ondeando en sus balcones la bandera vasca símbolo de la gran mayoría de nuestro pueblo, se acordó extender a todo el País el movimiento por la reintegración vasca, mediante la convocatoria de una Asamblea en Gernika bajo el Árbol histórico, restaurando así la antigua usanza de nuestra vieja soberanía política.

Esta idea, acordada el día 14 en el Ayuntamiento de Getxo, fue aprobada el día 15 por numerosos municipios de Bizkaia y el día 16 se convocaba a Juntas Generales en Gernika para el día siguiente 17 de abril de 1931.

La rapidez con que se desarrollaron los acontecimientos aquellos dos primeros días de República determinaron en el sentimiento popular un entusiasmo sin límites. Y como sucede en estos casos, sólo las organizaciones fuertemente disciplinadas pudieron contener los desbordamientos populares a que tan propensas son las masas en las alteraciones profundas que se suceden en las sociedades. La desorientación suele ser compañera inseparable de estos fuertes cambios de estado de opinión".

Como se ve por este relato, tuvieron reflejos porque tenían las ideas claras. Y aquello fue liderado por el PNV. Seis meses después en el Congreso votaban por la eliminación de la monarquía.

El año que viene van a cumplirse 80 años de aquel día histórico y me da que se va a recordar de forma distinta a como se recordó el 75, que se celebró con un inmenso silenciador encima. Las cosas se están moviendo. Estuve hace quince días en el Ateneo Republicano de Valladolid e iré dentro de otros quince al de Vigo. Este miércoles 14 se recordó esta fecha en el Círculo de Bellas Artes de Madrid con una comida republicana a la que acudí y cada vez son más los que se preguntan el porqué después de Juan Carlos ha de acceder a la jefatura del Estado Felipe, sobre todo, porque todavía hoy es el día en el que se le exige al mundo de HB que condene la violencia de ETA pero jamás se le ha escuchado al citado rey ni una palabra de condena a lo que fue un genocidio dirigido por un asesino que le dejó a él de jefe del Estado, sin referéndum previo, para que la ciudadanía dijese si estaba de acuerdo o no con la Monarquía del Movimiento.

Si a esto se le une la patraña del 23-F, cuyas condiciones para que se diese aquel golpe de Estado las creó el inquilino de la Zarzuela por su frivolidad y ligereza, imponiendo al general Armada como segundo jefe de Estado Mayor mientras conspiraba contra el presidente Suárez, tenemos pues un poco agradable plato para comérnoslo sin rechistar.

La vergüenza de lo que le está ocurriendo al juez Garzón no es más que la vergüenza de una ley de la Memoria Histórica pactada obsesivamente por el PSOE con los herederos de aquella sublevación militar contra la República. Sólo treinta años después de la muerte del dictador se ha podido abordar este asunto, tarde, mal y de forma insuficiente y que además ha logrado que quienes deberían estar en el banquillo de los acusados, sean, en su chulería y determinación los que ponen al juez en esa difícil situación porque el gran cuento de la actual España democrática se basa en la gran mentira de la Transición, una mentira que empieza a resquebrajarse.

De ahí que sea bueno recordar lo que se hizo en Eibar y en Getxo. Puede ocurrir de nuevo si se crean las condiciones y esta España de Belén Esteban y del caso Gürtel puede un buen día acostarse juancarlista y levantarse republicana, a pesar de las llamadas que Iñaki Arriola les hará a los suyos en Eibar.

fuente: Deia

martes, 23 de marzo de 2010

[CULTURA] Qué va a pasar con el Gernika

María Alba


No lo dejan en paz. Uno de los cuadros emblemáticos de la historia de la pintura española, el Gernika de Picasso (mostrado por primera vez en la Exposición Internacional de París de 1937), sigue siendo objeto de discusión a causa del lugar en que debe exponerse.

Hace semanas que se viene especulando con la posibilidad de trasladar el cuadro desde el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía (MNCARS), donde está expuesto desde 1992, hasta el Museo del Ejército, donde se alojaría en un restaurado -más bien reconstruido- salón de Reinos. Ésta es la idea que defienden los hispanistas Jonathan Brown y John Elliott. El proyecto de volver a poner en pie el salón de Reinos fue aprobado por el patronato del Museo del Prado en 1999, pero lo que se pretende ahora es, en realidad, diferente. El Gernika se reuniría en esa gran sala con La rendición de Breda de Velázquez y con Los fusilamientos del 3 de mayo de Goya.

Un proyecto de gran impacto mediático que gusta al presidente del Gobierno, por el simbolismo antibelicista que se puede dar al conjunto, y que Rajoy no ve del todo mal. Vamos, que vendría.

Pero es que ya se ha hecho algo parecido. Entre junio y septiembre de 2006, en el Reina Sofía se montó una gran exposición, Picasso, tradición y vanguardia, en la que colaboró el Prado. Allí se reunieron, con el Gernika y los Fusilamientos goyescos, El fusilamiento de Maximiliano, de Manet, y otra asombrosa obra de Picasso, Masacre en Corea, de 1951, que es algo así como el punto de unión entre su propio Gernika y el gran cuadro de Goya, y que está en el Musée National Picasso de París.

- Quién está detrás.

La idea de sacar el Gernika del Reina Sofía para llevarlo al salón de Reinos, por tanto, ni es cumplir la voluntad de Picasso (que lo quería en el Prado), ni es acorde con la idea original de la reconstrucción del salón de Reinos... ni es siquiera nueva. ¿De dónde sale, pues, la polvareda?

Tanto en el Reina Sofía como en el Prado dicen, en voz baja, que quien está detrás de todo esto es un antiguo director del propio Prado. Aseguran que su poder sigue siendo muy grande en el gran museo y que todo esto, en realidad, no es más que una suerte de venganza o ajuste de cuentas de este señor, que prefería a otra persona al frente del Reina Sofía. Pero nombraron a su actual director, Manuel Borja-Villel, y ahí empezó la inquina del ex director del Prado. El objetivo, pues, no sería tanto mover el cuadro como mover de su silla al director del museo que lo alberga. Director que ha culminado el hermoso proyecto de reconstruir, en la medida de lo posible, el ambiente del pabellón español en la exposición parisina de 1937: se han traído obras de Picabia y Miró, y hasta la maravillosa fuente de mercurio de Calder.

Es evidente que la joya del Reina Sofía, lo que le hace figurar en los catálogos de turismo de todo el mundo, es el Gernika. Como publicaba el diario Abc el pasado 29 de enero, todos los ex directores del MNCARS está nen contra de que se mueva el famoso lienzo. También la ministra de Cultura, según el mismo diario. ¿Quién está a favor, y por qué motivos? Aparte del PNV, que ha decidido por su cuenta que el cuadro es suyo (aquella famosa salida de pata de banco de Arzalluz: "Para Gernika las bombas y para Madrid los cuadros"), parece que pocos más, aparte de los "museístas mediáticos", y el citado influyente periodista-patrono.

Pero no se moverá. No puede hacerse, y a ninguna parte. En 1998 se celebró un simposio internacional de expertos que determinó que el cuadro no aguantaría un solo traslado más, dado su deterioro. Y ese informe lo firmaba nada menos que Pilar Sedano... actual jefa de restauración del Museo del Prado.

fuente: Tiempo, 19 de febrero de 2010, pág. 42

domingo, 14 de marzo de 2010

[PROGRESO] La encrucijada de la economía española

Juan Torres López

La economía española se encuentra en una situación muy difícil. Su modus operandi de decenios anteriores está completamente agotado y la confluencia de tres factores decisivos (su pertenencia a una unión monetaria sin voluntad de disponer de políticas económicas que resuelvan las asimetrías que se dan entre los países que la componen, los rebrotes de la crisis financiera internacional y la peculiar situación de la política interna española) limitan casi totalmente la capacidad de maniobra que necesitaría el gobierno para lograr que España saliera airosa de la situación.

- La crisis y los problemas estructurales de la economía española: ¡ya no va más!

En España se produjo también la crisis estructural y el mismo tipo de ajuste neoliberal que en el resto del mundo y que, en última instancia ha sido el que ha provocado la última crisis financiera, una expresión más aunque mucho más grave de las consecuencias que lleva consigo el haber situado al capital y a la especulación financieros en el epicentro de la actividad económica. Pero aquí se ha producido un hecho diferencial que es la que a mi juicio explica que ahora esté sufriendo la crisis de modo también singularizado. Me refiero a la casi completa coincidencia de la crisis estructural y el ajuste con una salida pactada a la dictadura franquista que dejó en gran parte intacto sus modos de operar y los privilegios de los principales grupos de poder económico de la dictadura, y de ambas circunstancias con el tardío proceso de construcción del Estado de Bienestar en España que se inició en la transición y más concretamente con el primer gobierno del partido socialista.

La presencia combinada de todas esas circunstancias es lo que explica que ninguno de esos procesos haya salido como como debiera haber salido para que hubiera fortalecido a nuestra sociedad y a nuestra economía. Y también algunos de sus rasgos estructurales que ahora pesan como una losa sobre nuestra economía:

* La debilidad de las clases trabajadoras y de sus sindicatos en contraste con el gran poder de los principales núcleos oligárquicos conformados durante la dictadura y que todavía siguen dominando los centros de gravedad de la economía española.

* La conformación muy imperfecta de instituciones decisivas como el mercado de trabajo (dual, de poder muy asimétrico y con fuertes residuos corporativos), el financiero (muy concentrado, protegido y con una perversa influencia sobre el poder político) y el propio sector público, poco eficaz como consecuencia de su gran dependencia de los intereses privados, lo que, entre otras cosas, ha impedido usar con toda su eficacia instrumentos esenciales de transformación social como la política fiscal (que no ha podido imponerse nunca sobre la aversión a los impuestos de las clases adineradas).

* Un gran déficit de capital social y humano y de estructuras de bienestar colectivo que ha influido negativamente en aspectos tan importantes como el desarrollo de la investigación y la innovación o la incorporación de las mujeres a los mercados laborales.

* La dificultosa y traumática vinculación de la economía española con el exterior, esclava del capital extranjero y obligada a competir mediante la especialización empobrecedora en bienes y servicios de poca calidad y bajo precio y recurriendo periódicamente a la devaluación.

* Una desigualdad originaria en el reparto de la renta que apenas si ha podido ser compensada por las políticas redistributivas y que en todo caso aumenta desproporcionadamente cuando éstas se debilitan.

El modelo social que nació de la combinación de estos rasgos es el que Vicenç Navarro ha denominado con toda razón como de bienestar insuficiente y democracia incompleta. Y el modelo productivo que se ha ido consolidando con esos mimbres es uno de baja productividad al estar basado en el uso más barato posible de la mano de obra; de escasa innovación y bajo valor añadido; dependiente del exterior y parasitario de los negocios, de las rentas y las subvenciones procedentes del sector público; de escasa fortaleza endógena debido a la desigualdad; altamente endeudado como consecuencia de la escasez de las rentas familiares y del poder político de la banca; desindustrializado como consecuencia de la externalización y de la supeditación a los intereses globales del capital extranjero que se ha hecho con las redes empresariales más importantes; con grandes tensiones sobre los precios como consecuencia del poder oligopólico que predomina en la mayoría de los mercados; altamente despilfarrador y gravoso para el medio ambiente; y, como consecuencia de todo ello, con una gran dependencia de la evolución del ciclo, tanto a la hora de generar actividad como, sobre todo, en cuanto a creación y destrucción de empleo se refiere.

Este modelo de crecimiento ya produjo en los primeros años de la transición, más tarde en los ochenta y en 1992-93 crisis y fases de gran debilidad y de pérdida de empleos, perturbaciones financieras muy costosas y desajustes con el exterior que, antes de entrar en la zona euro, se pudieron resolver, como he señalado, a base de sucesivas devaluaciones. Y lo que ha sucedido en los últimos años anteriores a la crisis actual es que todos estos rasgos se acentuaron e incluso se exageraron.

La entrada en el euro supuso inmensas entradas de capitales que favorecieron la acumulación de grandes patrimonios y un gran volumen de ahorro, si bien a cambio de perder la propiedad y el control sobre la práctica totalidad del aparato productivo, de una gran desindustrialización y de convertir así a la economía española en una fuente de renta para el capital extranjero a cambio de unos años de potentes ayudas y subvenciones que sostenían la demanda. Las reformas laborales permitieron la creación de miles de empleos precarios y de quita y pon. Los bancos, con la complacencia explícita de las autoridades monetarias, multiplicaron la oferta de crédito y el crédito abundante y más barato en términos reales en España que en el resto de Europa permitió mantener la demanda de consumo y que las empresas pudieran aumentar su poder de mercado y multiplicar sus beneficios. Los gobiernos establecieron las bases para un funcionamiento cada vez más especulativo y oligarquizado de la actividad económica, limitaron el esfuerzo para la creación de capital social (salvo en el caso de las obras públicas vinculadas al negocio de la construcción), renunciaron a establecer disciplina en los mercados, aliviaron las cargas fiscales sobre las rentas de capital, liberalizaron al máximo los mercados del suelo y la vivienda y todo ello alimentó una gigantesca burbuja inmobiliaria que se retroalimentó, proporcionando más liquidez y un incremento desorbitado de la deuda privada (lo que equivale a decir del negocio bancario, que llegó a ser en España mucho más rentable que en cualquier otro lugar de Europa).

En solo seis años, de 2002 a 2008 el crédito total a residente aumentó un 70% y el endeudamiento neto de la economía española, que había crecido un 82% entre entre 1999 y 2003, lo hizo un 243% en los cuatro años siguientes, dedicándose el 70% de la nueva deuda a la inversión en la burbuja inmobiliaria.

Para mantener el impresionante negocio de la burbuja los bancos y cajas españoles se endeudaron con otros bancos europeos. A diferencia de los de otros países, sus factor de riesgo no fue tanto la exposición a las hipotecas sub prime de Estados Unidos como la acumulación de activos vinculados a la burbuja inmobiliaria. Y, por eso, en lugar de ser receptores de riesgo por esa vía se convirtieron más bien en sus exportadores hacia los bancos que los habían financiado y que ahora se enfrentan temerosos a la situación económica de la banca y la economía españolas.

Por supuesto, ésta última sufrió el impacto de la crisis mundial. Era inevitable, aunque sus bancos no estuvieran tan directamente afectados por la difusión de hipotecas basura y sus derivados como los de otros países, porque, en todo caso, les afectaba el racionamiento del crédito que produjeron las quiebras bancarias y la desconfianza generalizada y, enseguida que estalló la burbuja en España, su propia descapitalización interna. Así que, al igual que en otros lugares, la banca española también cerró el grifo de la financiación a la economía provocando todo lo más que se podía extender la destrucción de actividad y de empleo.

Pero, a diferencia de lo ocurrido en otros países, el problema de la economía española era que hubiera entrado en crisis incluso aunque no se hubiera producido la financiera de nivel internacional.

Agotado su modelo basado en la actividad inmobiliaria y en la generación de deuda privada, la economía española estaba condenada a caer en barrena con independencia de lo que hubiera sucedido con las hipotecas basura.

- Sin capacidad de maniobra.

Ante esta situación el gobierno reconoció, aunque muy tardíamente que la economía española no puede seguir desenvolviéndose como hasta ahora y ha propuesto un cambio de modelo y la puesta en marcha de estrategias de recambio productivo. Aunque la mayoría de ellas se las ha llevado el viento de la recesión cuando el gasto para evitar el colapso y satisfacer la demanda de recursos de la banca ha desbocado el déficit público, que ha llegado al 11,4% del PIB en 2009.

Así se ha alcanzado una encrucijada muy delicada porque, por un lado, haría falta más gasto contracíclico pero, por otro, no hay ya prácticamente más capacidad para aportarlo. O se incurre en un gran sobrecoste en los mercados y se sufren los ataques especulativos y la extorsión política orientada a garantizar el pago y a evitar que de esa forma se afecte no solo a la imagen como deudor de España sino a la divisa europea… o se cambia de política, algo a lo que no parece estar muy dispuesto el gobierno ni para lo que se ha generado el clima y el poder social que pudieran hacer factible el cambio de estrategia.

Lo que está ocurriendo entonces es que, en lugar de que España viva una evolución de la crisis más o menos acompasada con el resto de los países centrales de la Unión Monetaria, sufre lo que llamamos un típico impacto asimétrico con respecto a ellos y como consecuencia, en este caso, de la debilidad añadida que le produce su modelo económico agotado.

El problema al que ahora se enfrenta España es el que advertimos muchos economistas en su día: una unión monetaria imperfecta que no dispone (porque se ha renunciado explícitamente a ello) de mecanismos de coordinación y reequilibrio.

Los teóricos de las uniones monetarias demostraron hace años que, en esas condiciones, es inevitable el desenganche de las economías impactadas, que sufren un deterioro en actividad y empleo que puede llegar a ser irreversible.

En esta coyuntura se añade además un factor que agrava la situación. Sabiéndose que es inevitable que se produzca, como se está produciendo, este desenganche, y conociéndose que la Unión Europea no tiene hoy día otra respuesta política que el más de lo mismo y ningún instrumento económico que pueda evitarlo, se está haciendo una verdadera y explícita llamada a quienes sostienen la deuda de la periferia europea, que seguramente no es ni la más elevada ni la más arriesgada desde el punto de vista de los compromisos de pago, pero sí la soportada por los estados política y económicamente más débiles y maniatados.

Es verdad que eso ha sido siempre así, o al menos eso es lo que ha ocurrido en los últimos decenios en diversos países y situaciones. Pero ahora el agravante es que, como secuela de los continuos ramalazos de la inconclusa crisis que vivimos, y como resultado de la financiación tan generosa de los bancos centrales y gobiernos a la banca internacional, la especulación financiera se encuentra de nuevo desatada.

La criminal paradoja que se está produciendo es que los bancos crearon la crisis, hundieron las economías, obligaron a que los estados se endeudaran para salvarlos y evitar la debacle y, puesto que ya no disponen de banca pública que hubiera podido hacerlo en otras condiciones, deben recurrir a los propios bancos privados que provocaron la crisis que así hacen ahora un negocio redondo suscribiendo la deuda. Y gracias al poder que mantienen impondrán condiciones draconianas a los gobiernos para que los recursos vayan, antes que nada, a retribuirla y garantizarla.

Finalmente, no se puede dejar de mencionar la debilidad añadida que provoca la peculiar situación política española. La derecha, en una gran parte formada y consolidada en torno a los grupos de poder nacidos del franquismo, no está dispuesta de ninguna manera a ceder en la presión continua al gobierno que, para colmo, se viene enfrentando a la crisis con análisis erróneos, zigzagueando, sin proyecto, cada vez con menos credibilidad y con un liderazgo social más debilitado que nunca. Y, por otro lado, los sindicatos no terminan de tomar el timón de los intereses de los clases trabajadoras y los grupos la izquierda del partido socialista se encuentran divididos y debilitados.

España lo tiene difícil. No puede hacer frente a la quiebra de un modelo y a la ofensiva especuladora por sí misma porque ni tiene fuerza endógena ni instrumentos para hacerles frente. No tiene salida sin Europa pero el neoliberalismo que impregna a esta Europa es el responsable de gran parte de sus males.

fuente: ATTAC

sábado, 13 de febrero de 2010

[REPÚBLICA] El juancarlismo, sustitución del franquismo

José A. Sanchidrián
El juancarlismo fue la mera sustitución del franquismo. La necesidad de homologarse políticamente con los países de nuestro entorno hizo que los grupos parlamentarios, ya permitidos en la fase terminal de la Dictadura como novedosa apariencia, se tornaran en partidos políticos, naturalmente a cuenta del Estado totalitario. La admisión de los viejos exiliados y de sus descendientes políticos bastó para rellenar un completo espectro estatal y hacerlo pasar por nacional, ahora “democrático”.

¿Quién podría alertar a la mansa sociedad española de esta maniobra, sobre todo después de que el juancarlismo aflojara el lazo de la censura a los agradecidos voceros públicos que ya se permitían medrar (algo que éstos glosaron como “libertad de expresión”)? ¿Acaso los avanzados europeos no practicaban semejante orden institucional?

El aparato totalitario del franquismo había succionado a la sociedad. Lo civil no podía existir sin desnaturalizarse a través de lo orgánico. La inanidad ante semejante monopolio del poder solamente era evitable con el amparo clientelar de los cabecillas del Régimen. Y para la actividad económica, sometida al Estado corporativista, ello era infranqueable. El juancarlismo de varios partidos lo continuó. El pajarillo nacido en cautividad se niega a abandonar la jaula aunque ésta esté abierta, sobre todo cuando la comida se sirve dentro. Todo es licencia estatal.

Los sindicatos verticales dejaron su lugar a las franquicias de los partidos de izquierda.

Y los patronos, ¡también se asocian!, algo que solamente tiene sentido para que su peso no sea insignificante cuando sólo pueden aspirar a ser pequeñas o, como mucho, medianas empresas. Es el neocorporativismo de la negociación colectiva, cuestión interna de la economía española, oráculo gubernamental para unos empresarios que no podrán prosperar, y tragicomedia de los trabajadores que deben perder. No. A ellos no les toca.

Los financieros de la Monarquía de Partidos se saben a salvo. La ruina de los demás les ha servido a ellos. Haciéndose con las antiguas empresas estatales, oportuna contrapartida de la alianza con la casta política del posfranquismo que todavía sostienen, han alcanzado el paraíso en el limbo económico de lo multinacional a través de la CEE, infernal condena para todos los demás.

fuente: Demos

domingo, 31 de enero de 2010

[CULTURA] Homenaje al Comité Internacional que salvó el Tesoro Español durante la Guerra Civil

Natividad Pulido

(En la imagen, algunos de los documentos del Archivo de Naciones Unidas en Ginebra, digitalizados por el Ministerio de Cultura y a los que ha tenido acceso ABC, como el Acuerdo de Figueres y el Inventario de los Tesoros de Arte Españoles, además de cartas y telegramas enviados, entre otros, por Timoteo Pérez Rubio y el duque de Alba)

Si, como dijo el artista Josep Renau, «las obras del pasado valen tanto más cuanto más se ha luchado por ellas», la colección del Prado -ya de por sí de incalculable valor- no tendría precio jamás. Así lo hicieron «hombres crédulos y magníficos», como relataba María Teresa León, «que, a pesar de no haber pisado jamás las salas del museo, salvaron para los inteligentes del mundo la maravillosa pinacoteca de Madrid». Son esos hombres de los que decía Antonio Machado que «no hablan de patria, pero la defienden con su sangre». Son todos aquellos que pusieron a salvo el tesoro artístico español (no sólo del Prado, sino de otros muchos museos, instituciones, iglesias y colecciones privadas) durante la Guerra Civil, llevándolo a partir de abril de 1936 en 71 camiones de Madrid a València, primero, y a Catalunya, después, para sacarlo del país en febrero de 1939, vía Perpiñán, con destino a la Sociedad de Naciones en Ginebra, cuando peligraba la integridad de las obras a causa de los bombardeos de la aviación.

Fue un periplo épico, en el que un grupo de gente, muchos iletrados, prefirió arriesgar sus vidas por salvar obras de arte, seguir con sus pies destrozados antes que subirse a un goya o un velázquez. Y es que, como le dijo Azaña a Negrín, «el Museo del Prado es más importante para España que la República y la Monarquía juntas... Si los cuadros desaparecieran o se averiasen gravemente, tendría usted que pegarse un tiro».

- Y Negrín no se pegó un tiro.

Afortunadamente, no tuvo que hacerlo: todos los cuadros regresaron sanos y salvos, con la excepción de dos goyas, «La carga de los mamelucos» y «Los fusilamientos del 3 de mayo», que volvieron del exilio con heridas de guerra (hoy ya curadas), a causa del choque del camión en el que iban contra un balcón.

Durante casi setenta años aquella odisea ha sido casi olvidada. Casi, porque hubo historiadores como Arturo Colorado que han sacado a la luz aquella gran aventura. Su exhaustiva investigación se recoge en «Éxodo y exilio del arte» (Cátedra). El propio Museo del Prado -nunca es tarde si la dicha es buena- rindió homenaje en 2003 a la Junta del Tesoro Artístico -esa «Cruz Roja del Arte» salvó más de 27.000 obras (140 toneladas de arte)- con la exposición «Arte protegido». Y se cumplió el deseo de Josep Renau: «Algún día se colocará a la entrada del Prado una placa advirtiendo al visitante del sobrevalor que la epopeya de 1936-1939 añadió a las obras que hay allí».

Pero aquella deuda se había saldado sólo a medias. Quedaba aún pendiente reconocer la labor desarrollada por un Comité Internacional de expertos, creado en enero del 39, que, generosa y altruistamente, defendió con uñas y dientes un patrimonio que no era de ellos. «La deuda que tenemos con el Comité Internacional, decía el pintor Josep Maria Sert, es doble e indiscutible. Una material y otra de orden moral; ambas de honor». Esa deuda se saldará mañana con un emotivo acto de homenaje «in memoriam» del Gobierno español al Comité Internacional para el Salvamento de los Tesoros de Arte Españoles, que presidirá José Luis Rodríguez Zapatero. El homenaje se enmarca dentro del ambicioso programa de actividades organizadas con motivo de la Presidencia Española de la Unión Europea.

Son tres los actos previstos, organizados por el Ministerio de Cultura y la Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales. Por un lado, se entregará en el Prado la Orden de las Artes y las Letras a los directores de los museos e instituciones que colaboraron en el Comité (Louvre, Metropolitan, Rijksmuseum, Tate...)

Desgraciadamente, no queda vivo ninguno de sus protagonistas. Además, una exposición de carácter didáctico en el Paso de Recoletos, «Arte salvado» -recorrerá las mismas ciudades que el patrimonio evacuado en la contienda: Madrid, València y Catalunya-, y un congreso, «Patrimonio, Guerra Civil y Posguerra», que se celebrará desde mañana y hasta el miércoles en el Prado. Ambos los coordina Arturo Colorado, máximo especialista en la materia.

El Ministerio de Cultura, a través de la Dirección General del Libro, Archivos y Bibliotecas, ha tenido acceso al Archivo de la Sociedad de Naciones de Ginebra y ha podido digitalizar toda la documentación relativa al traslado del Tesoro Artístico Español a Suiza durante los últimos meses de la Guerra Civil. Todo ese jugoso material podrá ser consultado no sólo en el Centro Documental de la Memoria Histórica, sino también, en los próximos meses, en internet. Concretamente, en el Portal de Archivos Españoles (PARES), que tan sólo el año pasado tuvo más de 124 millones de visitas.

(Llegada de las obras a la Estación del Norte de Madrid en septiembre de 1939, procedentes de Suiza)

- A la luz de los faros.

Un valiosísimo tesoro al que ha tenido acceso ABC y en el que hallamos cartas, telegramas, fotografías y documentos tan destacados como el Acuerdo de Figueres (firmado a la luz de los faros de un coche, porque no había electricidad, permitió el traslado y fijó las condiciones de la evacuación a Ginebra) o el inventario completo de las obras de arte que viajaron a Suiza. Además, Cultura ha colaborado con Aitana Alberti en la reedición del libro de su madre, María Teresa León, «La Historia tiene la palabra: Noticia sobre el salvamento del Tesoro Artístico de España». El primer investigador que tuvo acceso a este tesoro fue Arturo Colorado, para quien «no es justo atribuir el éxito de la evacuación a Alberti y María Teresa León. Ella intervino en la evacuación a València en la primera etapa, durante un periodo muy corto, que además no estuvo caracterizado por las mejores condiciones de embalaje y transporte. Alberti era sólo su acompañante».

Colorado, que desvela a ABC quiénes fueron los verdaderos protagonistas de esta historia y traza sus perfiles en estas mismas páginas, narra cómo fue su encuentro con este archivo tantos años oculto: «Tuve la suerte de que, investigando las pinturas de Sert en el Palacio de Naciones, se acababa de desclasificar toda esta documentación y pude acceder a este tesoro. Había una historia que sacar a la luz». El acto de mañana es, para él, «muy emotivo, pues supone la culminación de muchos años de investigación. Se va a reconocer la deuda que tenemos todos los españoles con aquellos que salvaron nuestro patrimonio, cuyo pago llevo años reivindicando».

- Un precedente.

Destaca Arturo Colorado la labor pionera de aquel Comité Internacional como «precedente de solidaridad internacional por un patrimonio en peligro, del concepto de patrimonio de la humanidad. Salvó un patrimonio que no era suyo, pero que era de todos. Sus miembros dirigieron después en sus países, cuando estalla la II Guerra Mundial, la evacuación de sus propios patrimonios. El modelo español de evacuación fue seguido en los países democráticos en guerra: Francia, Holanda, Bélgica, Reino Unido. La normativa internacional sobre protección del patrimonio, que planteaba una protección «in situ» en los propios museos, se cambió, tras la experiencia española, por la evacuación». ¿Pudo perderse alguna obra? «No. En cuanto a lo que fue controlado por la Junta del Tesoro, todo lo que salió de España volvió a España».

- Los protagonistas de un salvamento inernacional.

Timoteo Pérez Rubio.- Presidió la Junta Central del Tesoro Artístico. fue firmante como testigo del Acuerdo de Figueres, acompaó a las obras hasta Ginebra y participó en su inventario. Casado con Rosa Chacel, el pintor se exilió a Brasil, donde murió en 1977.

Josep Maria Sert.- El pintor tuvo un papel central en la creación del Comité Internacional; fue su gestor. Gracias a sus relaciones en todo el mundo y su gran prestigio, aunó voluntades, puso de acuerdo a los museos y a la Sociedad de Naciones.

D. David-Weill.- Banquero de origen judío y aficionado al arte, atesoró una importante colección, que fue requisada por los nazis. Fue el presidente del Comité Internacional. No logró que Franco reembolsara los gastos del viaje de las obras a Suiza.

Jacques Jaujard.- Era subdirector del Louvre (más tarde fue director) y delegado oficial del Comité Internacional. Negoció con el Gobierno de la República el Acuerdo de Figueres. Participó con Pérez Rubio en el traslado e inventario de las obras.

Neil MacLaren.- Fue el observador británico del Comité Internacional y firmante también del Acuerdo de Figures. Sus detallados artículos en prensa sobre el proceso de evacuación le convierten en el principal testigo de aquella gesta.

fuente: ABC

sábado, 30 de enero de 2010

[REPÚBLICA] ¿Felipe VI o república?

Roberto Lertxundi
senador por Euskadi del PSE-EE

En las fechas de cambio de año se producen reiteradamente los mensajes del Rey de España, tanto en Nochebuena como el 6 de enero, día de la Pascua militar. Se han convertido en un elemento clásico del calendario navideño, sin más objetivo que recalcar la existencia de Juan Carlos de Borbón y de la institución monárquica. El contenido de dichos mensajes carece habitualmente de interés: todo el mundo sabe, es de conocimiento público (incluidos todos los comentaristas, politólogos y tertulianos, que actúan como experimentados 'mensajólogos') que los textos se redactan en La Moncloa y que los funcionarios o asesores de turno ponen en la real boca lo que resulta interesante al Gobierno del momento: de ahí la permanente llamada a la responsabilidad, a la unidad, a la búsqueda de acuerdos, al consenso... Si repasan los mensajes de los últimos 25 años, verán que, salvo acontecimientos de actualidad, los mensajes presentan mínimas variaciones, siendo irrelevante en qué año se emiten y qué partido (PSOE o PP) ocupa el Gobierno del país.

Quizá sea éste el principal valor de los mensajes reales: la nula importancia de sus contenidos, la no implicación con los problemas y con los planteamientos políticos. De esa manera la Monarquía se sitúa en el lugar que le otorga la Constitución: el Rey reina pero no gobierna, la Carta Magna lo coloca en esos márgenes y hemos de admitir que el aburrimiento de los mensajes reales comporta un dato de normalidad constitucional. De ahí que, no teniendo de qué discutir, este año se haya polarizado el debate en torno a la emisión del mensaje navideño por el segundo canal de la ETB, la televisión pública vasca. En mi opinión, un debate absurdo porque, dada la amplísima oferta televisiva, cualquiera puede elegir un canal en el que no esté actuando el monarca. La protesta nacionalista no ha sido una protesta antimonárquica, sino estrictamente antiespañola, una pataleta respecto a las relaciones Euskadi-España.

Efectivamente, el PNV nunca ha hecho ascos a la institución monárquica, ni en su periodo fundacional, ni en los años setenta, durante la Transición. Recuerden todo aquello del 'pacto con la Corona', que en boca de Xabier Arzalluz era la expresión máxima de la soberanía foral vasca. Con toda probabilidad, el PNV habría discutido igual si en lugar del Rey el mensaje lo hubiera realizado el presidente de la república española. La oposición nacionalista (de todo el abanico partidario) a la emisión del mensaje no es antimonárquica, es estrictamente antiespañola. Me parece positiva la decisión del Consejo de EITB de emitir el mensaje: no pasa nada, no significa ningún cambio de fondo y encaja bien con el propósito de una normalización del papel de Euskadi en el conjunto del entramado político español.

Dicho todo esto, resulta sorprendente que en todas estas polémicas no se haya entrado a discutir prácticamente nada sobre el propio significado de la Monarquía en España. Aunque fuera de manera especulativa y sabiendo que no forma parte de lo que se considera políticamente correcto. Es evidente que, digan lo que digan los nacionalistas vascos, Euskadi es tanto o tan poco monárquica como el resto de España. No ha habido mediciones adecuadas del respaldo al 'juancarlismo', pero si atendemos a los sondeos demoscópicos puede presumirse bastante más amplio de lo que nos gustaría a los republicanos de razón y corazón. Y es en torno a esto donde puede plantearse alguna reflexión acerca del futuro de la Monarquía en España. Ahora que ni el tema es urgente ni es una demanda de la actualidad política, y que encaja, por tanto, perfectamente en el terreno de la reflexión.

Y es que en los últimos tiempos hemos asistido a cosas tan extrañas como la petición de intervención real en el caso de la pacifista saharaui Haidar por parte del líder de Izquierda Unida, fuerza de clara orientación republicana, pidiendo al monarca que asumiera funciones que no le otorga la Constitución. O Joseba Egibar, calificando como «súbditos» en lugar de 'ciudadanos' a los que no piensan como él en esta materia.

Kepa Aulestia, en uno de sus interesantes comentarios, escribía un par de afirmaciones muy precisas en torno a esta situación: «La emisión del discurso del Rey en el canal vasco, no supone un cambio sustancial en el juego político». «Retrato de un país al que no le sobra el Rey pero que nunca pedirá más monarquía». Ése es el quid de la cuestión. La leal gente republicana, la que entiende que la democracia casa con la república y no con la monarquía hereditaria, otorga a Juan Carlos I el papel de monarca de la Transición y no está dispuesta a aceptar el trágala de una dinastía juancarlista. El fondo del debate es si el hecho de que Juan Carlos I haya sido el monarca del pacto de la Transición obliga a la democracia española a otorgar el mismo papel a sus herederos. Creo, en buena lid, que puede perfectamente plantearse lo contrario: la Monarquía de la Transición es transitoria y a partir de ahí no hay nada predeterminado.

El Rey ha cumplido su papel, con luces y sombras, como siempre que hay largos periodos de protagonismo; ha sido discreto y ha facilitado el desarrollo constitucional. De acuerdo, pero después ¿qué? ¿Por qué España tiene que ser monárquica como consecuencia indirecta de los pactos constituyentes? Éste es el debate. Al padre se le agradecen los servicios prestados, pero a los demás se les envía educadamente a la vida civil, como cualquier familia española. Caminos hay para modificar la Constitución -por cierto, Felipe VI no cumpliría lo más elemental de la Ley de Igualdad que obliga a toda la ciudadanía-, incluida la iniciativa popular de referéndum para que la gente se pronuncie sobre el posjuancarlismo. Y ahí seguro que nos encontramos mucha gente que interpreta a la actual monarquía española como un pacto de equilibrio de fuerzas en un momento determinado, pero que carece de potencialidad más allá de su protagonista principal.

Y si se legitiman ganando en referéndum, se establecería una situación nueva, contemporánea, no hereditaria de los miedos y equilibrios de los años 70. El debate está servido.

fuente: El Correo