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lunes, 19 de abril de 2010

[REPÚBLICA] Cuando en Getxo se proclamó la República Vasca

Iñaki Anasagasti
senador de EAJ/PNV

La madrugada del martes 14 de abril de 1931, a las seis y media de la mañana, la corporación municipal, recién elegida en las elecciones del domingo anterior, proclamó en Eibar la segunda República. La bandera tricolor fue izada por el concejal más joven del recién elegido ayuntamiento, Mateo Careaga, que era militante de Acción Republicana. No fue hasta las cinco de aquella tarde cuando otras ciudades siguieron este ejemplo. Por esta magnífica iniciativa Eibar recibió el título de Muy Ejemplar Ciudad por la valentía y arrojo demostrados.

Hoy, con la actual composición del Ayuntamiento de Eibar, la gloriosa villa no tendría el honor de ser la primera población en haber proclamado la República. Y no tanto por los actuales concejales y alcalde socialista sino por la llamada que Iñaki Arriola les hubiera hecho diciendo que en este momento su partido, el partido de Indalecio Prieto, de los Toyos, Negrín, Largo Caballero, Fernando de los Ríos, es juancarlista, que es el eufemismo que usa el PSOE para no decir que en la práctica son tan monárquicos como puede ser la Duquesa de Alba. A los hechos me remito.

El abuelo del actual rey, Alfonso XIII, estaba esos días con el agua al cuello. Sus muchos errores le habían conducido a una situación límite y había nombrado presidente del gobierno a un viejo almirante, Juan Bautista Aznar, de bajo perfil, del que Maura había dicho: "Procede geográficamente de Cartagena y políticamente de la luna". Pero quien mandaba era el conde de Romanones y la primera iniciativa que tomaron fue la de convocar elecciones para el 12 de abril. Ningún monárquico previó para ellos una consecuencia tan negativa. Y es que el colmo de los colmos fue que ganaron con 22.150 concejales monárquicos frente a 5.775 republicanos. Sólo en ocho provincias el número de concejales republicanos fue superior al de monárquicos. Pero tras estas cifras había una realidad: la hecatombe del voto monárquico en las 41 capitales de provincia. Sólo en siete habían ganado los monárquicos. El hundimiento moral de la monarquía fue total. Aznar, siempre hay un Aznar en Madrid, cuando le preguntaron por la crisis, dijo aquello de: "¿Qué mayor crisis quiere usted que el de una España que se ha acostado monárquica y se ha levantado republicana?".

Hoy, con información y una campaña adecuada, podría darse la misma situación. La prueba está en que ni Zapatero ni Rajoy quieren convocar el referéndum para cambiar la actual Constitución en relación con la prevalencia del varón a la hora de la sucesión. Treinta millones de españolitos hoy no votaron la Constitución de 1978 y muchos jóvenes comienzan a despertar. Todo esto de la monarquía les parece un gran camelo.

José Antonio Aguirre era el candidato del PNV al Ayuntamiento de Getxo. Ese día, arrasó. Eran las seis de la tarde. Se encontraba en el despacho del director del diario Euzkadi en Bilbao, en la calle Correo, junto a Leizaola, Kareaga y Azkue. Una gran multitud se apiñaba en El Arenal e iniciaba la marcha hacia el ayuntamiento. El momento era trascendental y los dirigentes del PNV estaban preocupados. Con visión de la jugada sus compañeros le dijeron: "Vete a Getxo, convoca a tus concejales y al ayuntamiento porque no hay tiempo que perder. Hay que tener cuidado de que las Juntas revolucionarias no se sienten en vuestros asientos. Además, Getxo tiene que ser el punto de apoyo de todo un movimiento municipal".

Efectivamente. Dicho y hecho. José Antonio cogió el teléfono, convocó a sus capitulares y se fue a Getxo. Él nos lo contó así:

"Llegamos cuando el pueblo, tremolando la bandera vasca, se dirigía hacia el Ayuntamiento. La emoción popular era inmensa. En Getxo había triunfado espléndidamente el nacionalismo, consiguiendo dieciséis concejales de los 21 que componían la Corporación municipal. Media hora después de mi convocatoria, los concejales ocupaban sus escaños edilicios y el público invadió el salón de sesiones. En una breve sesión quedó proclamada la República vasca vinculada en federación con la República española, y se acordó invitar a otros ayuntamientos para que con idéntica proclamación lograran la unión de todos en un programa conjunto de libertad, pero siguiendo el espíritu vasco. Por eso se pidió la derogación de la ley de 1839 y el retorno de nuestros viejos organismos soberanos.

Pero antes de llegar a Getxo, allí en Bilbao, una preocupación quedó prendida en nuestro espíritu. La enorme manifestación que se dirigía hacia el Ayuntamiento de Bilbao nos hizo observar la espiritual trascendencia de aquel movimiento popular al que con tanto entusiasmo contribuía la juventud con su presencia. Precisaba encauzarse el sentimiento del pueblo en mayor sintonía con el pensamiento vasco. Para ello nada mejor que realizar un programa de acción inmediata.

Proclamada rápidamente la República en los ayuntamientos de Bizkaia, pedida la derogación de la ley de 1839, abolitoria de la libertad foral en casi todos ellos; ondeando en sus balcones la bandera vasca símbolo de la gran mayoría de nuestro pueblo, se acordó extender a todo el País el movimiento por la reintegración vasca, mediante la convocatoria de una Asamblea en Gernika bajo el Árbol histórico, restaurando así la antigua usanza de nuestra vieja soberanía política.

Esta idea, acordada el día 14 en el Ayuntamiento de Getxo, fue aprobada el día 15 por numerosos municipios de Bizkaia y el día 16 se convocaba a Juntas Generales en Gernika para el día siguiente 17 de abril de 1931.

La rapidez con que se desarrollaron los acontecimientos aquellos dos primeros días de República determinaron en el sentimiento popular un entusiasmo sin límites. Y como sucede en estos casos, sólo las organizaciones fuertemente disciplinadas pudieron contener los desbordamientos populares a que tan propensas son las masas en las alteraciones profundas que se suceden en las sociedades. La desorientación suele ser compañera inseparable de estos fuertes cambios de estado de opinión".

Como se ve por este relato, tuvieron reflejos porque tenían las ideas claras. Y aquello fue liderado por el PNV. Seis meses después en el Congreso votaban por la eliminación de la monarquía.

El año que viene van a cumplirse 80 años de aquel día histórico y me da que se va a recordar de forma distinta a como se recordó el 75, que se celebró con un inmenso silenciador encima. Las cosas se están moviendo. Estuve hace quince días en el Ateneo Republicano de Valladolid e iré dentro de otros quince al de Vigo. Este miércoles 14 se recordó esta fecha en el Círculo de Bellas Artes de Madrid con una comida republicana a la que acudí y cada vez son más los que se preguntan el porqué después de Juan Carlos ha de acceder a la jefatura del Estado Felipe, sobre todo, porque todavía hoy es el día en el que se le exige al mundo de HB que condene la violencia de ETA pero jamás se le ha escuchado al citado rey ni una palabra de condena a lo que fue un genocidio dirigido por un asesino que le dejó a él de jefe del Estado, sin referéndum previo, para que la ciudadanía dijese si estaba de acuerdo o no con la Monarquía del Movimiento.

Si a esto se le une la patraña del 23-F, cuyas condiciones para que se diese aquel golpe de Estado las creó el inquilino de la Zarzuela por su frivolidad y ligereza, imponiendo al general Armada como segundo jefe de Estado Mayor mientras conspiraba contra el presidente Suárez, tenemos pues un poco agradable plato para comérnoslo sin rechistar.

La vergüenza de lo que le está ocurriendo al juez Garzón no es más que la vergüenza de una ley de la Memoria Histórica pactada obsesivamente por el PSOE con los herederos de aquella sublevación militar contra la República. Sólo treinta años después de la muerte del dictador se ha podido abordar este asunto, tarde, mal y de forma insuficiente y que además ha logrado que quienes deberían estar en el banquillo de los acusados, sean, en su chulería y determinación los que ponen al juez en esa difícil situación porque el gran cuento de la actual España democrática se basa en la gran mentira de la Transición, una mentira que empieza a resquebrajarse.

De ahí que sea bueno recordar lo que se hizo en Eibar y en Getxo. Puede ocurrir de nuevo si se crean las condiciones y esta España de Belén Esteban y del caso Gürtel puede un buen día acostarse juancarlista y levantarse republicana, a pesar de las llamadas que Iñaki Arriola les hará a los suyos en Eibar.

fuente: Deia